Monasterios de Portugal, las victorias de un reino

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Monasterios de Portugal, las victorias de un reino - EL PAIS Viajes

Monasterios de Portugal, las victorias de un reino

El nacimiento del Reino de Portugal fue conflictivo y su consolidación un proceso cimentado en la lucha y el prestigio. El topónimo Hispania dejó una percepción unitaria del territorio reforzada por la romanización y por el Reino visigodo de Toledo. La unidad se rompió con la invasión musulmana, pero la Monarquía Asturleonesa se proclamó su heredera y comenzó la reconquista. Esta larga lucha fue fragmentado el proyecto común y terminó alumbrando a cuatro nuevos reinos: Navarra, Aragón, Castilla y Portugal, que con León sumarían los cinco reinos hispanos.
 
Portugal nació como condado vasallo del Reino de León. Su primer conde fue el noble asturiano Vímara Pérez. Así fue hasta que Alfonso Enríquez, sobrino del todopoderoso Alfonso VI de León y Castilla, fue primero conde y luego primer rey de Portugal. Alfonso I luchó y venció contra cristianos y musulmanes, pero eso no bastaba. Su proyecto de reino necesitaba prestigio y levantó dos monasterios. Con uno ganó el favor de San Bernardo, Alcobaça, con el otro el de los templarios, Tomar. Sus sucesores emplearon el mismo argumento. Juan de Avis logró mantener la independencia de Portugal tras vencer el Aljubarrota, y levantó Batalha. Más tarde, el rey Manuel I tuvo vocación de ser el monarca evangelizador del orbe merced a sus descubrimientos geográficos, y fundó el monasterio de Belén. Felipe II de España heredó Portugal y reformó San Vicente de Lisboa, levantado por Alfonso I tras conquistar la ciudad a los musulmanes. Allí se enterrarían después los Braganza, los nuevos reyes de un Portugal nuevamente independiente. Las victorias fueron también económicas. Juan V llevó a su cénit el imperio colonial portugués, y levantó Mafra. Podríamos escribir la historia del país hermano sólo recorriendo sus grandes monasterios reales, eso les proponemos con este viaje. Unos monasterios, obras maestras del arte medieval y moderno, que fueron hechos con la grandeza necesaria para dar prestigio a un país menudo que se proyectó por el mar a todo el mundo.

Viaje con Vademente

El Equipo Vademente nace de la puesta en común de los proyectos de varios profesionales, licenciados en Geografía, Historia y Arte, con una larga experiencia desarrollada en ámbitos como el Museo del Prado, Patrimonio Nacional, las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, fundaciones y entidades culturales. Viajar para descubrir es una nuestras actividades fundamentales. Viajes diseñados para atender la inquietud por la cultura, la historia y el arte, de una comunidad de viajeros cada vez mayor. Por ello, nuestras propuestas no son convencionales. Porque recuperan el espíritu curioso del viajero antiguo, porque cada viaje, un tiempo siempre efímero, debe permanecer en nuestra memoria por habernos enriquecido y enseñado. Decía Proust: El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos, esa es nuestra intención, aprender a mirar con nuevos ojos.

Otros viajes de Vademente

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Día 1

Caballeros cruzados

10 de octubre de 2018

Volamos a Lisboa para desplazarnos en autobús a nuestros primeros destinos: Santarém y Tomar. Hoy será una jornada de cruzados, de los que lucharon en Tierra Santa y los que lo hicieron en la reconquista hispana. Luchar contra infieles era una forma de lograr prestigio, el que necesitaba el conde Alfonso Enríquez si quería ser rey.  Alfonso fue el gran cruzado portugués, y su hombre de confianza, Gualdim Pais, fue el gran cruzado portugués en Tierra Santa, de ambos hablaremos. Santarém fue una importante medina islámica conquistada por Alfonso I. Su toma fue épica y abrió el camino al asedio de Lisboa. Esta fama la mantuvo muy ligada a la corona, por lo que acumuló un importante patrimonio. La iglesia románica de São João de Alporão y los conventos góticos de San Francisco, Santa Clara y Santa María de Graça, ofrecen un resumen del arte medieval portugués. Tomar pertenece a la geografía mítica de Portugal. Fue Gualdim Pais, cruzado y gran maestre de la Orden del Temple, quien levantó allí el castillo conventual de su orden. El maestre y los templarios ofrecieron gran apoyo al futuro rey, y él correspondió levantado el complejo templario mejor conservado en Europa. El Temple portugués se transformó en la Orden de Cristo, cuyo poder e influencia llegó a su cénit bajo el maestrazgo de Enrique “el Navegante”. El conjunto resultante es inmenso. El castillo roquero, la imponente iglesia templaria, las fantasías del gótico manuelino del Capítulo, y el monumental claustro renacentista terminado por Felipe II, merecen, como pocos edificios, la condición de Patrimonio de la Humanidad. Tomar es el símbolo de una victoria de Alfonso Enríquez: el prestigio.

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Día 2

El santo borgoñón y los arqueros ingleses

11 de octubre de 2018

El conde Alfonso quería ser rey, para ello necesitaba algo más que ganar batallas, la voluntad divina. En sus campañas se prodigaron los prodigios, como en la famosa victoria de Ourique, por lo que el rey agradecido fundó el gran monasterio cisterciense de Alcobaça. Alfonso agradecía a Dios sus favores, y lograba los de San Bernardo, el hombre más influyente de Europa. En la Sala dos Reis de Alcobaça aparecen el santo borgoñón y el papa Alejandro III coronando a Alfonso I. La fundación estuvo a la altura del regalo, pues Alcobaça es uno cenobios cistercienses más impresionantes. Su pureza arquitectónica lo convierten en una obra maestra el arte medieval. Alcobaça es el símbolo de la primera victoria del reino: su existencia. Pasó el tiempo y el trono portugués quedó vacante. El rey castellano lo reclamó, y portugueses y castellanos batieron sus espadas en Aljubarrota. La intervención de los arqueros ingleses logró dio la victoria al candidato portugués, Juan I de Avis, una nueva dinastía que refundó el Reino. Por ello, el rey Juan construyó un nuevo monasterio: Santa María de la Victoria de Batalha, otra obra maestra del arte medieval. La esbelta iglesia con la capilla del fundador, el recargado claustro y sus dependencias, y las Capillas Inacabadas, forman un conjunto difícilmente comparable con cualquier otro levantado en su tiempo. Batalha es el símbolo de una segunda victoria del reino: su independencia. Comenzaremos nuestra jornada por Batalha, la geografía manda, para terminar con Alcobaça.  Hoy pernoctaremos en Caldas de Rainha, una tranquila ciudad balneario, cercana a Aljubarrota.

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Día 3

El rico Juan y el nuevo Alfonso

12 de octubre de 2018

Hoy, día nacional de España, descubriremos cómo España y Portugal se unieron y se desunieron. Las historias de un rey que quiso ser un nuevo Alfonso Enríquez y la de otro extremadamente rico gracias al oro de Brasil. Para ello visitaremos dos importantes monasterios: Mafra y San Vicente de Fora. Juan V, el rico Juan, construyó Mafra para mostrar la opulencia de su reino, y lo logró, pues el edificio es verdaderamente grandioso y su riqueza material casi roza el despilfarro. Monasterio, iglesia, biblioteca y palacio real, sólo falta un panteón regio para emular a San Lorenzo del Escorial, eso pretendió Juan V, con el afán de superar a Felipe II. Mafra es el símbolo de una tercera victoria del reino: su riqueza. De Mafra marcharemos a Lisboa, donde pernoctaremos el resto del viaje. Cruzaremos el puente Vasco de Gama, para comprender mejor la particular geografía de la capital lusa. Comeremos en Alcochete, el pueblo donde nació el rey Manuel “el Afortunado”, aquel que exportó Portugal al mundo. San Vicente de Fora, está ubicado en la colina desde la que Alfonso I asedió Lisboa. Tras conquistarla, el rey trajo las reliquias de San Vicente y levantó un convento agustino. Fue la simbólica refundación de Lisboa como capital cristiana y portuguesa. Cuando Felipe II de España heredó Portugal, volvió simbólicamente a refundar el monasterio reedificándolo. Felipe II, el nuevo Alfonso, reunía por fin la herencia visigoda. La mole renacentista de San Vicente es la más grandiosa de Lisboa, una metáfora de los nuevos tiempos. Tan potente es su impronta y su mensaje que, cuando los Braganza terminaron para siempre con el ideal de unidad, lo convirtieron en su panteón. San Vicente de Fora es el símbolo de una cuarta victoria del reino: su identidad.

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Día 4

El rey afortunado y el gran puerto del mundo

13 de octubre de 2018

Manuel I “el Afortunado”, recogió los frutos de la escuela de navegantes organizada por su tío Enrique en Sagres. Las exploraciones orientales de Vasco de Gama y las del Brasil de Álvarez Cabral, transformaron Lisboa en destino de mercancías y culturas de medio mundo, y en epicentro del buen gobierno y la fe del rey cristiano de Portugal. Manuel I adoptó el rol casi mesiánico de evangelizar el orbe, por ello, sus barcos partirían de Belén, el gran puerto del mundo donde renacía un nuevo Portugal elegido para cumplir las grandes empresas de Dios. Una monarquía universal necesitaba nuevos símbolos, y Manuel fundó el monasterio de Santa María de Belén, en frente a los muelles del puerto. Hoy visitaremos esta antigua feligresía lisboeta, el monasterio de Santa María de Belén, el Monumento a los descubrimientos y la Torre de Belén. El monasterio es la quintaesencia del arte portugués más particular, el llamado Manuelino. Una variable del Gótico que incorporaba elementos exóticos orientales y repertorios decorativos relacionados con la navegación, un símbolo de aquella monarquía universal. El conjunto es una de las máximas expresiones del arte europeo de aquellos tiempos de paso entre la Edad Media y la Edad Moderna. Belén es símbolo de una quinta victoria del reino: su universalidad. Tras visitar este histórico barrio cruzaremos el Tajo por el Puente colgante 25 de abril, una suerte de Golden Gate lisboeta, para llegar a Cacilhas, donde comeremos frente a una espectacular vista de Lisboa. Regresaremos como se ha hecho toda la vida, en barco, hasta Cais do Sodre, desde donde daremos un paseo por el barrio neoclásico de la Baixa, desde el Terreiro do Paço  por la Rua Augusta hasta Rossio.

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Día 5

Los patrones de las artes

14 de octubre de 2018

En estos días hemos visitado algunos de los monasterios más importantes de Europa, y casi todos catalogados como Patrimonio de la Humanidad. Quizá sea tiempo de reparar en que estaban vacíos, pocos cuadros, tapices, mobiliario o artes suntuarias, hemos encontrado. Unas casas tan ricas no debieron estar tan desornamentadas como hoy se muestran. Los reyes de Portugal fueron grandes patrones de las artes, y su legado se conserva, aunque no sea en sus espacios originales. Un buen ejemplo de este patronazgo cultural es la reina Leonor de Lancaster. Junto al río Xábregas, a las afueras de Lisboa, fundo el convento de Madre Deus para retirarse cuando enviudó. Tras aquellos muros, que esconden un bello conjunto monacal de aires palaciegos, la reina atesoró una de las más ricas colecciones de pintura flamenca de su tiempo. Visitaremos este convento, no sólo por su arquitectura, también por ser sede del Museo Nacional del Azulejo, unas de las industrias artísticas más características de Portugal. Los fondos principales de todo aquel patrimonio terminaron en el gran museo nacional portugués, el Museo Nacional de Arte Antiga, tan rico en fondos como poco conocido. La pieza más singular es un magnífico tríptico de El Bosco, pero en torno suyo se expone toda la colección de pintores flamencos de la reina Leonor, y otras muchas de maestros italianos, españoles y portugueses. No es sólo un museo de pintura, en sus salas se guardan ricos objetos de oriente, las custodias y ornamentos litúrgicos de catedrales y monasterios, los mobiliarios de los palacios. Un universo amplio habitado por todas las artes, que completará nuestro periplo de estos días y, sobre todo, completará una definitiva victoria del reino: la de la cultura.

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