El puente y los monjes: Un viaje a München

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El puente de los monjes: Un viaje a München - EL PAIS Viajes

El puente y los monjes: Un viaje a München

Unos monjes y un puente son el origen de Múnich. Hasta 1158, junto al río Ísar sólo hubo un Kloster von Mönchen, es decir, un “monasterio de monjes”. Después de ese año, al monasterio se sumó un puente para dar paso al camino de la sal de los Alpes. El trasiego de aquel “oro blanco” transformó el lugar en un centro económico y así, junto al puente y los monjes, nació Múnich. Los frailes le dieron nombre, pues de Mönchen derivó München, y el puente le dio pobladores, bienes y futuro.
Pero ésta no es sólo una ciudad con un pasado brillante. La capital bávara es la tercera ciudad de Alemania, vive un presente dinámico, moderno, efervescente y cosmopolita, aunque sin renunciar a sus tradiciones. Nunca, un puente y unos monjes dieron tan buenos frutos, pocas veces un viaje, para los amantes del arte y la historia, puede tener tan buen destino.

Viaje con Vademente

El Equipo Vademente nace de la puesta en común de los proyectos de varios profesionales, licenciados en Geografía, Historia y Arte, con una larga experiencia desarrollada en ámbitos como el Museo del Prado, Patrimonio Nacional, las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, fundaciones y entidades culturales. Viajar para descubrir es una nuestras actividades fundamentales. Viajes diseñados para atender la inquietud por la cultura, la historia y el arte, de una comunidad de viajeros cada vez mayor. Por ello, nuestras propuestas no son convencionales. Porque recuperan el espíritu curioso del viajero antiguo, porque cada viaje, un tiempo siempre efímero, debe permanecer en nuestra memoria por habernos enriquecido y enseñado. Decía Proust: El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos, esa es nuestra intención, aprender a mirar con nuevos ojos.

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Día 1

Una bella y malograda capital

13 de marzo de 2018

Comenzamos nuestro viaje volando a Múnich. Las historias hay que iniciarlas por el comienzo, y antes de que Múnich naciera hubo otra ciudad que la antecedió, una bella y malograda capital. Se llama Frisinga, Freising para los alemanes, y fue sede obispal y capital del primer ducado bávaro. Desde allí se evangelizó Baviera, y acogió uno de los centros de culturales más importantes de la Europa altomedieval. A la colina sobre el rio Ísar, dominada por su catedral, se le llamó Mons Doctus. Allí se escribieron las primeras palabras en alemán y se entonaron los primeros himnos religiosos germanos. Allí se promulgaron las primeras leyes protectoras de la cerveza y comenzó su producción. Su importancia se malogró cuando el duque Enrique I quemó el puente por el que pasaba el camino de la sal. La ruina de Freising engendró la prosperidad de Múnich, donde el duque levantó otro nuevo puente. Hoy la ciudad se mantiene al margen de las masas, pero su pintoresco conjunto urbano y su vieja catedral, mezcla de Románico y Barroco, están en la agenda del viajero curioso. Tras cumplir con esta obligada visita marcharemos a Múnich.

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Día 2

Caleidoscopio muniqués

14 de marzo de 2018

Múnich no es una ciudad museo, es una ciudad moderna y cosmopolita, que a su pasado sigue sumando su presente. Más allá de sus viejas murallas, hay mucho Múnich que descubrir. Hoy reuniremos esas piezas sueltas que, como en un caleidoscopio, giran en torno al centro. Las afueras de la ciudad fueron lugar de reposo y de expansión urbana. El castillo gótico de Blutenburg y el palacio barroco de Nymphenburg, ejemplifican cómo arte y naturaleza se hermanaron para dar reposo a los poderosos. El Olympiapark juega un rol similar, pero uniendo arte e ingeniería. Su vanguardista arquitectura es una metáfora alpina de nubes y montañas urdidas por cables y mallas metálicas. Frente a estos Alpes de acero y poliéster, la sede de BMW aúna arte con tecnología en un conjunto arquitectónico futurista.Tras este viaje desde el siglo XIII al XXI habremos llegado a las puertas del viejo Múnich, al barrio de Schwabing. Luis I lo transformó en el epicentro de la vida artística e intelectual muniquesas. En torno a la Ludwingstrasse se suceden edificios neoclásicos, eclécticos y modernistas, un universo a caballo entre la razón ilustrada, la emoción del Romanticismo y la revolucionaria modernidad. Sobre las colinas del otro lado del Ísar emergen el Ángel de la Paz y el Maximilianeum, dos símbolos más de aquella urbe con vocación de ser la Atenas o la Florencia alemanas. Frente a ellas, la Maximiliamstrasse, es una de las más bellas avenidas muniquesas, hoy pródiga en establecimientos de lujo y antaño sede gubernativa del reino bávaro. Terminaremos nuestro gran tour caleidoscópico bordeando las viejas puertas de Isartor y Sendlingertor, tras sus portones está el resto de Múnich, el viejo Múnich, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento, como diría el bávaro Michael Ende.

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Día 3

El puente, los monjes y los Wittlesbach

15 de marzo de 2018

Tras la puerta de Karlstor está el viejo Múnich. Una larga calle atraviesa el centro hasta el puente que, junto al monasterio, fue origen de esta ciudad. Hoy será tiempo de asomarnos a su historia, lo haremos a través de sus calles y monumentos, y de la mano de sus gobernantes: los Wittelsbach. La ciudad creció tanto que a su primera muralla hubo de rodearla una segunda. En medio quedó el Alte Hof, la residencia ducal más antigua, y la Marienplatz, el centro civil de la ciudad. Estamos en el corazón de Múnich, su estampa más conocida, una plaza que aún palpita plena de vida. Cuando este cogollo se quedó pequeño, los primeros que necesitaron nuevos espacios fueron los duques, que levantaron uno de los complejos palaciegos más fascinantes de Europa: la Residencia. Esta prodigiosa acumulación de edificios es una sucesión de galerías, salones y patios, que contienen la historia de Múnich, de Baviera y de los Wittelsbach. Un palacio que creció para ser casa y corte, pero también para exponer sus colecciones artísticas, su Antiquarium es la más bella galería de arte de Alemania. Hoy la mayor parte de sus colecciones están en los museos de Múnich, pero allí permanecen las nobles salas que las albergaron y un rico tesoro de artes suntuarias acumulado durante siglos. Tras almorzar seguiremos descubriendo más ejemplos de esta vocación artística: la iglesia de los Teatinos de resonancias romanas, la Galería del Mariscal que imita la Logia dei Lanzi florentina, la Opera de tintes griegos, y un último elemento para no olvidarnos de que estamos al norte de los Alpes: la catedral de Santa María. La verticalidad de esta mole gótica no hace concesiones al clasicismo itálico o griego, es puramente alemana. Un templo erigido sobre grandes columnas, austero y bello, expresión del espíritu germánico de una ciudad que quiso ser mediterránea.

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Día 4

Atenas y el Jinete

16 de marzo de 2018

Múnich quiso ser Atenas, pero mientras lograba adquirir la serena belleza de Grecia, en su seno se formaron unos jinetes vanguardistas que sacudirían Europa con sus colores y sus propuestas modernas. Lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo moderno, en una palabra: Múnich. La Köningsplatz, o Plaza del Rey, es algo así como un ágora griega creada por von Klenze para su rey “Pericles”: Luis I. Unos propileos de orden dórico, a la manera del gran pórtico de la Acrópolis, dan paso a una explanada donde se enfrentan dos edificios con pórticos clásicos. El primero, la Antikensalmmlungen, expone las colecciones de antigüedades griegas, etruscas y romanas de los Wittelsbach. El segundo, la Gliptoteca, ofrece una de las mayores colecciones de escultura griega y romana del mundo. Aunque ambos son un referente para el estudio de la Antigüedad clásica, la joya de la corona es el segundo, que alberga obras maestras como los frontones del templo griego de Afaya y el Fauno Barberini. Después de un merecido almuerzo, visitaremos el polo opuesto al Arte Clásico, una casa donde vibran las formas y colores del arte de las Vanguardias. Junto a la plaza ateniense está la Lenbachhaus, la que fuera casa de Franz Seraph Lenbach. Este coleccionista reunió una enérgica colección de arte contemporáneo, en la que destacan las obras de los pintores expresionistas del “Jinete azul”, el grupo muniqués al que pertenecieron Kandinsky y Franz Marc. Frente a la mesura y monocromía del clasicismo heleno, estallarán ante nuestros ojos los vibrantes colores y las formas dinámicas de sus propuestas.

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Día 5

El reino de todos los pintores

17 de marzo de 2018

Había una vez un reino donde todos los pintores, pasados y presentes, encontraron una pared donde colgar sus cuadros. Así podríamos empezar el día, porque la capital de ese reino fue Múnich. Cabría pensar que a Luis I no le cabían los cuadros en casa, y decidió fundar dos pinacotecas. En realidad, su voluntad fue entregar a su pueblo aquel inmenso tesoro acumulado por él y sus antepasados, y que sus sucesores siguieron ampliando hasta el siglo XX. Gracias a ello, las Pinacotecas Vieja y Nueva de Múnich son dos de los mejores museos de pintura del mundo. Repartiremos nuestro día entre ambas, para aprender una lección de pintura ejemplificada con obras maestras. Magníficamente expuestas y conservadas se suceden ante nosotros obras de los mejores pinceles del arte Occidental. Entre ambas sedes podríamos extender una cadena que, en sus extremos, enlaza a Van der Weyden con Van Gogh, quedando por medio Durero, Botticelli, Leonardo, Rafael, Tiziano, Tintoretto, Rubens, Rembrandt, Velázquez, Murillo, Boucher, Goya, Friedrich, Manet, Monet, Cézanne o Gauguin, es decir, los máximos representantes de la pintura Occidental. El cúmulo es grande, pero aquí lo relevante no es la cantidad, es la calidad. Ya fuera por gusto personal, o por estar bien aconsejados, los Wittelsbach no compraron al peso. Por ello, en sus colecciones se conservan algunas de las grandes obras maestras de la pintura. Aquí todo fue encargado, buscado, elegido y adquirido, fruto del interés, no de la conquista, el expolio, o simplemente de un exceso de dinero.

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Día 6

Piedad y cerveza

18 de marzo de 2018

Baviera es uno de los Lander con mayor idiosincrasia de Alemania. Entre sus señas de identidad más arraigadas están su catolicismo y la cerveza. Un binomio a priori raro, pero no tanto si tenemos en cuenta que la primera “fábrica” de cerveza bávara se fundó en el monasterio desde el que se evangelizaron estas tierras. Hoy nos recrearemos en este extraño hermanamiento para rematar nuestra exploración muniquesa.En el centro de Múnich se levantan muchos templos, ya conocemos algunos, pero hoy nos acercaremos a conocer algunos más.  La Iglesia de San Miguel fue el panteón de los Wittelsbach, y es uno de los edificios más importantes de Alemania. Se levantó a finales del siglo XVI, y su extraordinario espacio compite, en las dimensiones de su bóveda, con la basílica de San Pedro de Roma.La contención decorativa de San Miguel contrasta con la cercana iglesia del Convento de Santa Ana. Aquí se despliega la característica exuberancia ornamental del Barroco bávaro y austriaco y, por si alguien encontró este ejemplo comedido, aumentaremos la intensidad visitando la pequeña iglesia de San Juan Nepomuceno, uno de los ejemplos más notables de la teatralidad y creatividad del Rococó europeo.
 
Terminaremos visitando San Pedro, la más veterana de las iglesias muniquesas, tan antigua que la mole de su torreada fachada remite al Románico germano más primitivo. Pero las apariencias engañan y las modas mandan, así que su viejo interior medieval también se revistió de las galanterías del Rococó. Después de almorzar abandonaremos Múnich, comienza nuestra vuelta, pero nos falta completar el binomio, así que iremos en busca de la cerveza. A las afueras de Frisinga, nuestra vieja conocida, están los restos del monasterio de Weihnstephaner. Desde allí San Corbiano evangelizó Baviera, y allí se comenzó a fabricar cerveza en el lejano siglo VIII. Hoy, es la fábrica más antigua del mundo en funcionamiento, tendremos ocasión de visitarla, antes de tomar nuestro vuelo de regreso.

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